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martes, 7 de agosto de 2012

La fábula del elefante marino mal informado

Fábula del Elefante marino mal informado
Imagen  rainforestradio.com

“Cómo andan las cosas por ahí?”, ladró el gran elefante marino, trepado sobre la roca más alta de la orilla. Esperó a que le dieran buenas noticias.
Abajo, los elefantes marinos más pequeños se consultaron muy apurados. Las cosas no andaban nada bien, pero ninguno quería tener que decírselo al Viejo. Era el elefante marino más grande y más sabio de la manada, y conocía bien su oficio, pero tenía un carácter tan terrible que todos los demás le tenían terror a sus feroces alaridos.
“¿Que le diremos?” murmuró Basilio, el segundo en categoría de los elefantes marinos. Se acordaba muy bien de cómo el Viejo le había bramado y se había enfurecido con él la última vez que la manada había capturado menos que la cuota esperada de arenques, y no tenía ningún deseo de repetir la experiencia. Sin embargo, los elefantes marinos habían observado que hacía varias semanas que el nivel del agua en la bahía Ártica vecina disminuía constantemente, y ahora era necesario internarse mucho más lejos para conseguir la escasa provisión de arenques. Alguien tendría que decírselo al Viejo; probablemente él sabría qué hacer.
Pero, ¿quién?, y ¿cómo?.
Finalmente, Basilio contestó: “Las cosas andan bastante bien, Jefe”, dijo. La idea del nivel de agua que disminuía le hizo sentir el corazón pesado, pero siguió diciendo:  “En realidad, la playa parece estar más ancha”.
El Viejo gruñó. “Bien, bien”, dijo. “Así tendremos un poco más de margen”. Cerró los ojos, y siguió dormitando al sol.
El día siguiente trajo más problemas: una nueva colonia de elefantes marinos se mudó a la playa, y con la disminución de la cantidad de arenques, esta invasión podía resultar peligrosa. Nadie quería darle la noticia al Viejo, aunque sólo él podía tomar las medidas necesarias para enfrentar la nueva competencia.
De mala gana, Basilio se acercó al gran elefante marino que seguía tomando sol en su gran roca. Después de charlar un poco, le dijo, “Ah, Jefe, sabe que una nueva colonia de elefantes marinos parece haberse mudado a nuestro territorio”. Los ojos del Viejo se abrieron de golpe, y llenó sus pulmones preparándose para lanzar un potente alarido. Pero Basilio agregó rápidamente, “Por supuesto que no prevemos ningún problema. No me parece que sean comedores de arenques. Más bien parecen interesados en mojarritas.
Y como Ud. sabe, a nosotros no nos interesan las mojarritas”.
El Viejo dejó escapar el aire con un largo suspiro. “Bien, bien”, dijo. “No tiene sentido que nos hagamos mala sangre sin motivos, entonces, ¿no es cierto?”.
Las cosas no mejoraron nada durante las semanas siguientes. Un día, escudriñando desde su gran roca, el Viejo observó que parte de la manada parecía faltar. Llamó a Basilio, y gruñó malhumorado: “¿Qué sucede, Basilio?¿ Dónde están todos?”. El pobre Basilio no tuvo el coraje de decirle al Viejo que todos los días, muchos de los elefantes marinos más jóvenes los abandonaban para unirse a la nueva colonia. Carraspeando nerviosamente, dijo “Bueno, Jefe, hemos estado imponiendo un poco de disciplina. Ya sabe, podando un poco las ramas secas. Después de todo, una manada sólo es tan buena como los elefantes marinos que la componen”.
“Sí señor, hay que mantener la disciplina, siempre lo digo. Me alegro de saber que las cosas andan tan bien”.
Antes de que pasara mucho tiempo, todos menos Basilio se habían unido a la nueva colonia, y Basilio se dio cuenta de que había llegado el momento de decirle la verdad al Viejo. Aterrorizado, pero decidido, se arrastró hasta la gran roca.  “Jefe”, dijo, “tengo malas noticias. El resto de la manada lo ha abandonado”.
El Viejo estaba tan asombrado que ni siquiera pudo producir un buen alarido. “¿Me han abandonado?”, gritó. “¿Todos ellos? Pero, ¿por qué? ¿Cómo pudo suceder algo así?”.
Basilio no tuvo el coraje de decírselo, de modo que simplemente se encogió de hombros con impotencia.
“No lo puedo entender”, dijo el Viejo Elefante Marino.
 “Y justo cuando todo andaba tan bien”.

MORALEJA:
Lo que nos gusta escuchar no es siempre lo que necesitamos saber

Extraído del apunte de Planeamiento del IESERH

martes, 27 de septiembre de 2011

Empleados sin sueños...empresas sin alma.

Una empresa que se precie de moderna, actual, emprendedora, competitiva e incluso, de tradición, no puede concebirse así misma sin una visión que la oriente hacia el destino que ella misma se ha propuesto.


Esa visión, ese sueño lo es todo y lo representa todo. La misión depende de ella, las políticas, normas, reglas, las estrategias y tácticas, objetivos y metas orbitan a la visión con el firme propósito de hacerla real, concreta e impactante.

Sin la visión la empresa no tendría un “plan de vuelo”, un destino a donde llegar, o, al menos, donde verse “aterrizando” con tino y seguridad. No habría un “hacia dónde” ni un “para qué”, solo habría incertidumbre, azar, anarquía y desorden. La visión es el fin y a la vez es el principio. Sin ella no se puede comenzar la empresa y difícilmente sin ella no se puede terminar creando un legado. Pero, ¿es la visión únicamente vital para la empresa?

miércoles, 21 de julio de 2010

Aprenderás…

Después de algún tiempo aprenderás la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, y aprenderás que amar no significa apoyarse, y que compañía no siempre significa seguridad. Comenzarás a aprender que los besos no son contratos, ni los regalos son promesas...
Aprenderás que con la misma severidad conque juzgas, también serás juzgado y en algún momento condenado.
Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles. Aprenderás que es uno mismo quien debe cultivar su propio jardín y decorar su alma, en vez de esperar que alguien le traiga flores.
Comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza alta y la mirada al frente, con la gracia de una mujer y no con la tristeza de un niño y aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para los proyectos, y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.
Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado. Aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas.
Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma. Descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tu también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida.
Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias y que no importa que es lo que tienes, sino a quien tienes en la vida y que los buenos amigos son la familia que nos permitimos elegir.
Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que los amigos cambian.
Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan y por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos porque nunca estaremos seguros de cuando será la última vez que las veamos.
Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tienen influencia sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos. Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar.
Descubrirás qué se lleva mucho tiempo para llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto. Aprenderás que no importa a donde llegaste, sino a donde te diriges. Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlaran y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuan delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos lados. Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario enfrentando las consecuencias. .. Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica.
Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que te ayuden a levantarte. Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido de las experiencias, que con los años vividos.
Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti de lo que supones. Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes y seria una tragedia si lo creyese, porque le estarás quitando la esperanza. Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho de ser cruel.
Descubrirás que sólo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero que no saben como demostrarlo. .. No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.
Si algo he aprendido en la vida, es que la mentira se pone en contra de quien la inventa.
Jorge Luis Borges